Santa es una mentira mucho más elaborada

14 de julio de 2019

Siempre me ha dado curiosidad la diferencia en la cantidad de detalles que le dan a los niños gringos al momento de echarles un cuento con la poca información que le proporcionamos a los niños venezolanos.

Un ejemplo de esto es San Nicolás, para que el niño gringo se coma el cuento tienes que llenarlo de detalles. San Nicolás es viejo, alto y gordo; tiene una gran barba blanca; vive en el polo norte con su esposa; tiene un taller donde fabrica juguetes (utilizando duendes como su mano de obra barata); la noche de navidad viaja por el mundo en un trineo mágico guiado por 9 renos (cada reno con su respectivo nombre) y entra en las casas por las chimeneas para dejar los regalos bajo el arbolito.

¿Quién le trae los regalos a los niños de Venezuela?, el niño Jesús. ¿Cómo es el niño Jesús?, invisible. Y si el niño se pone especialmente curioso le decimos que como siga preguntando el niño Jesús se va a arrechar y no le va a traer un coño (y sin querer le enseñamos cómo funciona un soborno).

Otra comparación que me gusta es la del hada de los dientes con el ratón Pérez, por un lado tenemos a un ser fantástico con una mitología maravillosa. Y por el otro tenemos al ingrediente principal para preparar un buen arroz chino, al que además le pusimos el apellido más genérico que se nos ocurrió.

Creo que esto más que falta de creatividad es más una cuestión de credibilidad, mientras que un niño se pregunta “¿por qué si santa es tan grande y gordo, y además utiliza un medio de transporte tan llamativo, nunca lo he podido ver?” El otro duerme tranquilo sabiendo que es imposible ver a alguien invisible.

Mientras a uno de los niños lo carcome la ansiedad por querer ver a un ser mágico que entra a su cuarto a llevarse sus dientes, el otro ya sabe como se ve un ratón y en el caso de que sea muy curioso, con ver unas huellitas en talco se da por complacido.